El domingo 25 de enero de 2026, a las 18’30 h., en el Círculo Logroñés, tuvo lugar la cuarta jornada del «II Ciclo Poesía en el Círculo – Poemas a media tarde», una actividad de la Asociación Riojana de Escritores en colaboración con el Círculo Logroñés.
Presentados por María José Marrodán, escritora, poeta y psicopedagoga nacida en Logroño (La Rioja), reconocida por su sensibilidad social y educativa en la literatura. Es la actual presidenta de la Asociación Riojana de Escritores (ARE). Mantuvo un diálogo con los poetas invitados, Evelyn Pérez y Carlos Villar Flor, sobre la actividad poética de cada uno, sus inicios, influencias y evolución de su escritura. Santiago Urizarna Varona, destacado representante ámbito social y político de La Rioja, vinculado a la atención a personas con discapacidad y a la representación pública en organizaciones sociales y en el Parlamento de La Rioja, saludó haciendo hincapié en la importancia de la poesía como unión y encuentro de las personas.
DOS POETAS, DOS MIRADAS
En la geografía de la poesía riojana confluyen dos figuras que, desde mundos distintos, han tejido con palabras una forma de resistir, de nombrar lo que duele y de abrir brechas de luz. Evelyn Pérez y Carlos Villar Flor son dos rostros de la escritura comprometida: una librada a la emoción más desnuda, el otro a la lucidez militante y la palabra exacta.
Evelyn Pérez: la poesía como mapa emocional
Evelyn Pérez, poeta, directora del Ateneo Riojano y alma de la revista literaria Fábula, no llegó a la poesía desde la academia, sino desde la urgencia de sentir y nombrar. Escritora de vocación, su poesía se compone de cuerpos, paisajes y silencios que, poco a poco, se convierten en un mapa emocional donde el dolor y la ternura caminan juntos. Su libro “La tristeza del escorpión” es quizás el mejor testimonio de esta forma de escribir: versos que no pretenden callar el grito, sino transformarlo en algo que se pueda sostener, compartir, rebatir.
Su poesía se ha ido afinando como un aforismo que late, como un canto que se acerca a la canción y a la oración. En sus inicios, su voz vibraba ya en la oralidad, en la lectura en voz alta, en la capacidad de tejer comunidad a través de la palabra. Con el tiempo, su escritura se ha convertido en un espacio de metabolización de la angustia, en un lugar donde el yo se confunde con el otro, con la tierra, con la historia de las mujeres. Su poesía no es escapismo; es un acto de resistencia, un territorio desde el que mirar de frente al mundo sin quebrar la mirada.
Carlos Villar Flor: el poeta en su tierra
Carlos Villar Flor, profesor de Filología en la Universidad de La Rioja, pertenece a una generación de poetas que han sabido conjugar la exigencia intelectual con la conciencia social. Su origen literario se remonta a la fundación de la revista Pretexto y luego a la creación de Fábula, ambos espacios que han funcionado como sellos de un compromiso con la creación y la crítica. Su poesía, desde los primeros versos, se ha marcado por la influencia de la poesía social y comprometida, pero también por una lectura exigente de la poesía de vanguardia y de la poesía europea.
Autor de poemarios como Más relinchos de luciérnagas (2006), Poeta en su tierra (2006) o Nada personal (2015), Villar Flor ha ido construyendo una voz que sitúa al poeta en la tierra, en la clase, en la historia, pero también en el detalle íntimo, en el cuerpo, en el amor y en la pérdida. Su poesía se caracteriza por una tensión continua entre lo colectivo y lo individual, entre el testimonio del mundo y la nota privada. No se trata de un poeta de la denuncia ruidosa, sino de la observación precisa, del gesto que pesa, de la palabra que desvela lo que el poder intenta ocultar.
Dos caminos, una misma lucha
Evelyn Pérez y Carlos Villar Flor, aunque con registros muy distintos, comparten la convicción de que la poesía no puede ser un lujo estético, sino un acto de presencia, un modo de resistir, un lazo de solidaridad. Ella, desde la emoción que se convierte en gesto político, desde la palabra que libera y que acompaña; él, desde la conciencia formada, desde la lección que el poeta debe asumir como militante de la palabra.

En su actividad poética, ambos han sido puente entre generaciones: él, desde la docencia y la edición literaria; ella, desde la organización cultural, desde la apertura de escenarios, desde la convicción de que “los ateneos han sido revolucionarios”. Su poesía, en suma, no es un refugio, sino un campo de batalla modesto y diario, allí donde el cuerpo, la memoria, la injusticia y la belleza se enfrentan con la única arma que vale: la sinceridad total de la palabra.








